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Englert

Sebastián Englert

filosofo, teologo y sacerdote

1888 – 1969

Anton Franz Englert nació en la ciudad de Dillingen, Baviera, el 17 de noviembre de 1888, uno de los 12 hijos de Sebastián Englert y Berta Prechter. Su padre, un prestigioso académico que llegó a ser Rector de la Universidad Católica de Eichstatt, se ordenó sacerdote a los 70 años tras fallecer su esposa.
Anton Franz Englert entró al Seminario Menor en 1900 y a la Orden Capuchina en 1907 donde, en honor a su padre, le dan el nombre de Sebastián. Estudió filosofía y teología además de latín, griego, hebreo, inglés, francés e italiano. Fue ordenado sacerdote en 1912.
En 1922 se trasladó al sur de Chile para trabajar como misionero entre la etnia mapuche, aprendiendo allí el mapudungún, su lengua, de la que llegó a dictar cursos en la Universidad de Chile.
En 1927 asume como párroco de Villarrica, donde permanece hasta 1930, cuando es trasladado a la recién creada parroquia de la vecina ciudad de Pucón. Durante su permanencia en dicha zona comenzó a desarrollar su vocación de etnógrafo y lingüista.
El trabajo que presentamos en esta Web, corresponde a los escritos del Padre Englert, de esta época de su permanencia en Pucón.
En 1934 manifiesta ya un incipiente interés en Isla de Pascua: Como parte de una investigación etimológica, publica un ensayo de comparación lingüistica de la lengua mapuche con el aymará y el quechua, al cual incorpora algo del desaparecido atacameño y del rapanui .
Pero su curiosidad es mayor y dedica otro breve ensayo etimológico exclusivamente al mapudungún y el rapanui, dando cuenta de la falta de mayores trabajos sobre la lengua originaria de Isla de Pascua.
En el año 1935 el misionero capuchino arriba a Pascua, para estudiar el idioma Rapa-Nui .
Recién llegado a fines de 1935, el misionero Englert, instruido por monseñor Edwards, vicario Castrense, comienza a ejercer en la Isla una doble labor de sacerdote e investigador, siempre con la certeza que volvería a trabajar con el pueblo mapuche. No obstante, comenzaba a establecer un vínculo personal con la Isla.
Finalmente, Sebastián Englert fue nombrado Párroco de la Isla de Pascua, adonde estableció su morada definitiva.
Sebastián Englert permanecería en la Isla hasta su muerte, volviendo solo en cortas misiones al sur de Chile .
El Padre Sebastián se destacó por sus acciones de estudio y protección del patrimonio de la Isla. A modo de ejemplo, llevó a cabo el primer inventario arqueológico de la Isla y la primera restauración de la aldea ceremonial de Orongo.
Entre sus principales escritos están el Diccionario Rapanui-Español (1938), Tradiciones de la Isla de Pascua (1939), La Tierra de Hotu Matu’a, su obra principal (1948), y Las Leyendas de Isla de Pascua (editado de manera póstuma en 1980).
En su afán por divulgar la realidad de la Isla de Pascua, en 1967, ya con 79 años, viaja a Estados Unidos con el fin de dar una serie de charlas y conferencias. Es incorporado como miembro honorario del comité Isla de Pascua del «International Fund for Monuments» de New York (hoy «World Monuments Fund»), una organización dedicada a reunir fondos para la protección del patrimonio en todo el mundo.
Con el mismo propósito vuelve a viajar a Norteamérica en 1968, pero no resiste el esfuerzo y muere en New Orleans el 8 de enero de 1969.
Hoy sus restos descansan en Hanga Roa, Isla de Pascua, a un costado de la Parroquia Santa Cruz.

Un aspecto psicológico de la Raza Araucana

Al abordar este tema, tenernos que partir de una observación, según mi concepto, fundamental y de absoluta necesidad para la justa apreciación de la cultura: el dualismo de sus ideas religiosas.
Para el mapuche — quiero usar este término como más apropiado que la denominación científica de araucano — hay dos razas en el mundo. Una es la raza propia de los mapuches, la otra la de los demás hombres, de los extranjeros, de los Winkas, en término de la lengua indígena.
Como se comprende fácilmente, la idea del mapuche, del mapuche viejo y primitivo, sobre la extensión de su raza es vaga y nebulosa. El mapuche ha oído hablar de otros Países de este Continente. Pero no sabe, o más bien no se ha preocupado de investigar y saber, hasta donde se extiende su raza mapuche. Sabe que hay mapuches también en la Argentina, pero si los indígenas de otros países sudamericanos son o no mapuches, sobre este punto no hace averiguaciones. Lo más probable para él es que lo sean; aunque con diferentes idiomas. En cuanto a los países de otros Continentes, menos se ha preocupado de saber si existe ahí su raza. Probable le parece también. Recuerdo que un viejo mapuche, a quien conversaba de mi patria, me preguntó, si en Alemania vivían también mapuches. Pero por más vaga e indefinida que sea su idea sobre extensión geográfica de las razas, en su propio territorio hace una distinción racial profunda y absoluta entre el Mapuche y el Winka.
Y este dualismo es un factor esencial en su aspecto psicológico. Creo que sólo desde este punto de vista podemos comprender sus creencias religioso- míticas y su evolución social.

1. Creencias religioso-mitológicas.

No tenemos un concepto muy claro de las ideas religiosas y mitológicas que los antiguos indios tenían a la llegada de los españoles; pues, los primeros misioneros, gramáticos e historiadores, no se han profundizado suficientemente en este campo de investigación. Pero podemos diseñar en puntos esenciales las creencias de las últimas generaciones, y que persisten, en gran parte siquiera, en el alma mapuche hasta el día de hoy.
Como los mapuches no son un pueblo de pensadores, no han formado un sistema teológico, con claridad definida. Existe mucha confusión y diferencia según las regiones, figuran en su mitología muchos espíritus sobre-naturales, cuyos nombres varían mucho y sobre cuyas relaciones con el hombre, relaciones favorables o desfavorables, existen ideas vagas y no muy claras.
Pero hay entre esos espíritus algunos sobre los cuales existe consenso común entre los indígenas. Me refiero en primer lugar al llamado: Nguenéchen ó Dios supremo de los mapuches.
El Padre Luis de Valdivia enseña a los indígenas en uno de sus sermones que no hay un dios de los españoles y otro de los indios.
He aquí una típica distinción que hace el dualismo racial del mapuche primitivo. Aun en los mapuches de hoy día, a quienes los misioneros enseñamos: Mufü Dios mëlei-Melei kiñe Dios mëten — Cuantos Dioses hay ? Hay un solo Dios no más — nó está del todo desarraigada esta antigua creencia, sino subsiste aún. Ésta es la razón, o a lo menos, una de las razones principales por qué los mapuches, aún cristianos, conservan con tanta tenacidad la costumbre de hacer sus Nguillatunes. Tenemos el caso idéntico de otras razas, razas europeas, cristianizadas muchos siglos atrás que junto con las nuevas enseñanzas del cristianismo conservaban por largo tiempo restos de su anterior culto pagano.

Me encontraba un día, algunos años atrás, en una reducción indígena de la Cordillera de Pucón, en casa del mapuche Hilario Liempi. Es un hombre que tiene una educación superior a la de muchos otros. Cuando niño y adolescente, vivía muchos años en Valdivia, sirviendo de mozo en una casa francesa, y frecuentaba también la escuela. No sólo sabe decirnos que «pan» es «du pain», en francés, y «vino» es «du vin», sino demuestra también modales que no son tan comunes entre los de su pueblo. Un joven, de nombre Venancio Chanqueo, de la misma región de Hilario, estaba sentado con nosotros en la tarde en un banco de la casa, a la vista del majestuoso volcán Villarica. La conversación giraba sobre el tema de los Nguillatunes. Venancio me preguntó, cuál era mi opinión, si los mapuches deberían o no seguir la costumbre de celebrar el Nguillatun. Les expliqué que, por ser un rito pagano, no cuadraba dentro de la religión cristiana. Como réplica a mis palabras, Venancio empezó a contarnos que pocos meses antes una Machi en la región de Boroa había tenido una visión, en la cual el Nguenechen, Dios de los Mapuches, había exigido estrictamente que los mapuches le ofrecieran, Nguillatunes. Terminó enfáticamente el relato de esa visión e Hilario, que había asistido en la mañana de ese mismo día con todo fervor a la misa que había celebrado en su casa, añadió sólo esa expresiva palabra : «No ve?»
Comprendí bien lo que en tono triunfante querría decirme: ¡ No ve, si el Nguenechen mismo, por intermediación de la Machi, exige los Nguillatunes , claro esta que el Padrecito está equivocado, pues la autoridad divina los exige! Fué esto para mi una revelación espontánea y sumamente interesante de la ingenua mentalidad indígena.
El Nguillatun — pues tengo que dar algunas explicaciones sobre él — es un sacrificio religioso en que se le ofrecen a la divinidad víctimas, de ordinario corderos. Generalmente abren el vientre de la víctima y le arrancan el corazón, palpitante aún. En otras partes se les cortan a los corderos las orejas y después los degüellan. La sangre se deja en un plato de madera sobre el llani-llani, que es una especie de altar, para ofrecerla al Ser Supremo, el Nguenéchen.
De los diferentes nombres que dan a ese Ser y de las invocaciones que le dirigen, podemos desprender que tienen de él un concepto alto y sublime. Es el Nguenéchen o dominador de los hombres,- el Nënémapun o dominador de la tierra al cual los hombres pueden dirigirse con confianza: Fërenemuiñ nënémapun- Sea nos propicio, conminador de la tierra.» Es un Padre bondadoso: Ütrefmulaiaiñ, kiime kintuniemvaiñ, Chau, wenu meu mëleimi — No nos rechaces, cuida bien de nosotros, Padre, que estás en las alturas.»
Es un ser bisexual y anciano: Rey fücha, Rey kushe —Anciano Rey, Reina anciana. «Está en las inmensas regiones azules, por eso lleva el nombre de Kallfü Rey Chau, Kallfü Rey Nuke— Azul Rey Padre, Azul Reina Madre.» Su casa es de oro: Monepe tañi pu yall , piaimi, Chau; eimi meu ta noneleiñ, anülleimi tami milla ruka meu, Rey Chau, Rey Kushe, ëimi pëñeñmuiñ — ¡Qué vivan mis hijos, así dirás, Padre ! Por ti vivimos, tu estás sentado en tu casa de oro, Rey Padre, Reina Anciana, tu nos has parido.»
Pero es el dios de los mapuches. Se comprenderá que no tan fácilmente se desarraiga de una generación a otra un concepto religioso tan exclusivo. Por eso sucede muchas veces que, cuando conversamos con indígenas sobre este punto, nos contestan simplemente: «Nosotros somos mapuches.» De una manera semejante conservan también su fe en las actuaciones de los Machis, debido al dualismo de sus ideas raciales.
Un día llegó un Mapuche a la Misión y me habló de enfermedades en su familia. Le aconsejé que fuera a consultar a un médico. Pero no aceptó mi insinuación. Me dijo esta típica frase: «Para nosotros, los Mapuches, no sirven los remedios de los Winkas.» Esta es una opinión aún muy arraigada en los mapuches que se deriva de su creencia en espíritus, para ellos maléficos o benéficos. Machis son aquellas personas indígenas, en su mayoría mujeres, que desempeñan el oficio de curanderos. Su arte se apoya en la creencia de que todas las enfermedades interiores son producidas por un maligno influjo misterioso. Este influjo se atribuye a varias clases de espíritus malignos que en general tienen el nombre de wekufü.
Dicho sea de paso que es errónea la idea de muchas personas que se han familiarizado poco con la lengua y las creencias de los mapuches y dicen que el Pillañ es ese demonio o espíritu maligno. Los Pillanes son los volcanes y
todos los fenómenos ígneos, como el fuego de los volcanes y los relámpagos.
Estos fenómenos han sido personificados por los primitivos indígenas, o mejor dicho, han sido explicados como manifestaciones de espíritus poderosos, espíritus de antiguos caciques y guerreros que habitan en los volcanes. Estos espíritus, cuando enojados, pueden hacer mal al hombre, pero pueden favorecerlo también y no son de por sí espíritus malignos.
Volviendo a la explicación del termino wekufü , debemos notar que hay diferentes clases de esos espíritus malignos: el wekufü mismo o diablo, los alwe- wekufü o ánimas damnificadoras de finados, los püllomen alwe o ánimas damnificadoras que existen en forma de moscones azules, el meulen wekufü o demonio torbellino que envuelve su víctima en un torbellino, y otros más. Su número es legión.
Cuando un mapuche cae enfermo, señal es que un wekufü le ha atacado y la persona llamada para librarlo de ese influjo es él ó la Machi. Parece que el sexo femenino es preferible para la Machi, por eso los hombres Machis cuando actúan como tales se visten siempre de mujeres. El machitún es acompañado de cantos de la machi, de su tamboreo en su kultrun, de gritería y salvajes bailes de los asistentes. Pero todos esos actos son sólo concomitancias; la esencia del machitú consiste en que la machi logre entrar en su trance, una especie de delirio, su arte, como lo llaman, el küimin, en términos de los mapuches de la Cordillera, el peuma en término de las mapuches de la costa del mar. Sólo en este estado de su trance puede hacer pacto con un espíritu benigno que le ayuda a vencer la fuerza maligna del wekufü . Cada machi tiene su espíritu o sus espíritus con quienes tiene su pacto. Cuando el espíritu se ha apoderado del machi, habla por boca de éste, indica que mal espíritu ha entrado en el cuerpo y dice que el enfermo sanará. Al fin toca la machi el cuerpo del enfermo por todas parles y termina esta función con apretarlo en una parte, con las uñas de los dedos o chupándolo para sacar et mal, en forma de una lagartija, de una sanguijuela, de un gusano, de un sapo o de un objeto inanimado, como un pelo, una pequeña piedra. El espíritu aliado del machi se despide ahora de la gente saludándola y el machi vuelve a sus sentidos, como despertando de un profundo sueño.
El objeto que se ha sacado del cuerpo del enfermo es quemado en el fuego o el machi lo envuelve en hojas del sagrado canelo y lo guarda en su wallka , o bolsa de cuero. Con este objeto ha salido el wekufü del cuerpo del enfermo. Acompañado de los asistentes, el machi persigue al wekufü fuera de la ruka con cuchillos, lanzas, tizones ardientes y grande gritería. Algunos mapuches más educados que no creen en la actuación de la machi, pero que han visto su tratamiento y que me merecen fé, me han contado también que algunas machis, no todas, adquieren en su trance tal grado de insensibilidad que el fuego no produce su efecto destructor en ellos. Hacen danzas con los pies desnudos dentro del fuego o se ponen un cuchillo en estado de incandescencia en la boca sin quemarse; esto sólo durante su trance.
A más de estos tratamientos que podríamos llamar misteriosos, las machis aplican frecuentemente también remedios naturales. En su sueño visionario ven los remedios, plantas medicinales que han de servir para la salud del enfermo .
Años atrás bauticé a un machi hombre que había dejado su oficio y hecho cristiano; llegó un día a la Misión, donde yo vivía en aquel tiempo, y me dijo que iba a hacer un viaje a la región de Imperial para hacer remedios a un enfermo Le dije: «Pero, no has dejado tu oficio de machi ?» Si, me dijo, pero tengo siempre el peuma y veo los remedios que tengo que recetar.» Parece que la persona machi, aunque ya no tratando de ponerse en contacto con su espíritu aliado, conserva el hábito de los sueños visionarios.
Tenemos que añadir que este concepto que el mapuche tiene del origen de las enfermedades, trae, desgraciadamente algunas veces funestas consecuencias que terminan en una tragedia. Si sólo hubiera la mencionada intervención de la machí, que podríamos considerar como un tratamiento de sugestión que en muchos casos puede contribuir a la reconvalecencia del individuo enfermo, sería una actitud en el fondo, inofensiva. Pero con frecuencia el espíritu que habla por boca de la machi en su trance, nombra a una persona que por maleficio ha introducido al wekufü en el cuerpo del enfermo, dándole secretamente una pócima maligna, el ilel, que es hiel de culebras o lagartijas. Señalada así como Kalku ó bruja por la autoridad del espíritu, la tal persona, por inocente que sea, es ahora objeto del odio y desprecio de todos. No se atreven a perseguirle abiertamente a tal kalku; pero la mala fama que ha adquirido esa persona, la conduce a veces a poner, por desesperación, un violento y desgraciado fin a su vida.
Cuan profundamente está arraigada la fe en la actuación de la machi, demuestra el hecho que también personas que por su educación y su situación económica se han Chilenizado completamente y habituado a un medio ambiente superior, vuelven a veces en casos de graves enfermedades a la superstición de sus antepasados como salvación.
Recuerdo el caso de un indígena cuyo nombre no quiero mencionar— terrateniente , educado, hombre de talento que era considerado ya como winka perfecto. Enfermó gravemente. ¿A quién llamó en sus últimos días? No al médico, sino a la machi. La machi le hizo su tratamiento, de la machi esperaba su salvación, pero a los pocos días que había cesado el tamboreo nocturno del kultrún , el hombre murió.

2. Evolución social.

Hemos tocado algunos puntos princpales, esenciales de las creencias religioso-mitológicas de los mapuches. Veamos ahora su evolución social.
Cien años atrás, en muchas partes de la Araucania, como en la región de la Cordillera de Villarica-Pucón hasta la Argentina, el indio vivía completamente aislado, en un campo inexplorado por la raza blanca, alejado de la
civilización. No había fuerza entonces que empujara al indio a evolucionar, ni individual ni colectivamente. Hoy en día, la situación del mapuche está cambiando por completo. Está puesto en contacto cada vez más frecuente con el winka y en la necesidad de adaptarse a otras condiciones de vida. Es interesante observar psicológicamente, cono también en la evolución social del mapuche entra, como un factor importante de resistencia, el dualismo de sus ideas religiosas.

Nosotros opinamos sencillamente que el indígena de Chile, como el de cualquier otro país del Continente, debe educarse y elevarse a la cultura y civilización del país, con el fin de ser capacitado de vivir en contacto con el mundo que lo rodea. Esto es necesario en realidad y los indígenas comprenden en su mayoría este postulado de la actualidad. Treinta y más años atrás, los Misioneros Capuchinos salían al campo en busca de niños, persuadiendo a los mapuches con palabras y regalos que por favor mandasen sus hijos a los colegios misionales. Hoy día, el mapuche viene solo al pueblo y toca a las puertas del Internado, pidiendo al Director que por favor reciba a su hijo para que se instruya. Y entre indígenas adultos he conocido a varios quienes, con un esfuerzo digno de encomio, han estudiado el silabario para aprender a leer y escribir o poner su firma siquiera.
Sin embargo, si estudiamos más a fondo el problema de la educación del mapuche, veremos que envuelve un gran conflicto racial psicológico. El indígena siente instintivamente que la instrucción es para su raza el camino que conduce fatalmente a una cultura y civilización extraña a sus tradiciones, que, por una parte, le es necesario, en las condiciones de vida de hoy, adquirirse los conocimientos de los winkas, pero que, por otra parte, envuelve esta educación el doloroso renunciamiento a todo lo que es tipica y tradicionalmente mapuche.
Se comprende que una raza fuerte no pierde su existencia propia y peculiar sin interiores resistencias.

Hay muchos jóvenes que, educados en los colegios y vueltos a sus rucas, tratan de conservar, junto con la educación winka, sus costumbres mapuches. Pero se origina naturalmente un conflicto psicológico entre el medio ambiente de sus padres y la cultura cuyo influjo han empezado a sentir, sobre todo los que han cursado estudios superiores. Sus aspiraciones de vida son más altas y se les presenta la imposibilidad de conciliar la tradicional vida mapuche con la cultura foránea. Resultaría una cultura híbrida.


Por el Rev. Padre SEBASTIÁN ENGLERT

Pucón (Chile)